Villette
Villette »Leà la carta. Lucy, dicen que en la vida no hay más que decepciones. Yo no me sentà decepcionada. Antes de leerla y mientras la leÃa, mi corazón hacÃa algo más que palpitar: temblaba a gran velocidad; cada temblor parecÃa el jadeo de un animal sediento que bebiera de un manantial; y el manantial resultó fecundo y maravillosamente claro; brotaba impetuoso por su propio impulso; vi el sol a través de su chorro, y ni una mota, Lucy, ni un poco de musgo, ni un insecto, ni un átomo en aquella corriente dorada tres veces cristalina.
»Dicen que la vida —prosiguió— está llena de dolor para algunos. He leÃdo biografÃas donde el viajero parecÃa ir de sufrimiento en sufrimiento; donde la Esperanza volaba presurosa ante él, sin posarse nunca demasiado cerca, ni detenerse el tiempo suficiente para que tuviera la oportunidad de aferrarse a ella. He leÃdo sobre aquéllos que sembraron con lágrimas, y cuya cosecha, lejos de recogerse con alegrÃa, se echó a perder por una plaga inoportuna, o quedó arrasada por un violento torbellino; y, ¡ay!, algunos de ellos llegaron al invierno con los graneros vacÃos, y murieron de hambre en los dÃas más frÃos y más oscuros del año.
—¿Tuvieron ellos la culpa, Paulina, de morir as�