Villette
Villette —El sello era demasiado bonito para romperlo, asà que lo recorté con mis tijeras. Cuando por fin iba a leer la carta, me volvà atrás voluntariamente; era demasiado pronto para beber aquel sorbo: su brillo en la copa era demasiado hermoso; seguirÃa contemplándolo un rato. Entonces recordé súbitamente que esa mañana no habÃa rezado. Al oÃr que papá bajaba a desayunar más temprano de lo habitual, temà hacerle esperar, y me apresuré a reunirme con él en cuanto estuve vestida; pensé que no habÃa nada malo en dejar las oraciones para después. Algunas personas dirÃan que tenÃa que haber servido a Dios antes que al hombre; pero no creo que el Cielo esté celoso de nada de lo que yo haga por papá. Creo que soy supersticiosa. Una voz parecÃa decirme que un sentimiento muy distinto del amor filial estaba en juego; y me instaba a rezar antes de atreverme a leer lo que tanto deseaba, y a sacrificarme un poco más, y a no olvidar primero un gran deber. He sentido esa clase de impulsos desde que tengo memoria. Dejé la carta y musité mis plegarias, añadiendo al final la súplica de que, pasara lo que pasara, nada pudiese tentarme o empujarme a hacer daño a papá, ni yo pudiera nunca, al preocuparme de otros, abandonarle a él. El mero pensamiento de esa posibilidad me entristeció de tal modo que me eché a llorar. Sin embargo, Lucy, sentà que llegarÃa el momento de contarle la verdad, y de convencerlo para que atendiera a razones.