Villette
Villette —No siempre. Algunos eran gente buena, y muy trabajadora. Yo no soy ninguna de las dos cosas, y, sin embargo, Dios ha querido que crezca al sol, con la debida humedad y a salvo de todo, protegida, alimentada, educada por mi querido padre; y ahora… ahora… aparece otro hombre. Graham me ama.
Habiendo alcanzado el clÃmax, las dos estuvimos unos instantes calladas.
—¿Lo sabe su padre? —pregunté quedamente.
—Graham se refirió a papá con profundo respeto, pero me dio a entender que aún no se atrevÃa a hablar con él del asunto; primero tiene que demostrarle su valÃa. Agregó que, antes de aventurarse a dar un paso más, necesitaba saber algo sobre mis sentimientos.
—Y ¿cuál fue su respuesta?
—Mi respuesta fue breve, pero no lo rechacé. Sin embargo, ¡tenÃa tanto miedo de que mis palabras sonaran demasiado afectuosas! Graham es muy exigente. Escribà tres borradores, corrigiendo y perfeccionando sus frases; sólo cuando redacté uno semejante a un trozo de hielo endulzado con el tenue sabor de alguna fruta, me atrevà a cerrar y enviar la misiva.
—¡Excelente, Paulina! Su instinto es magnÃfico; usted comprende al doctor Bretton.
—Pero ¿qué debo hacer con papá? Estoy muy preocupada.