Villette
Villette —No haga nada. Espere. Pero interrumpa la correspondencia hasta que su padre lo sepa todo y les dé su bendición.
—¿La dará algún dÃa?
—El tiempo lo dirá. Espere.
—El doctor Bretton me envió otra carta, profundamente agradecido por mi breve y serena nota; pero yo me adelanté al consejo que acaba de darme diciendo que, mientras mis sentimientos fueran los mismos, no podÃa volver a escribirle sin el conocimiento de mi padre.
—Hizo lo que debÃa; el doctor Bretton lo entenderá: se sentirá más orgulloso de usted, la amará más… en caso de que esto sea posible. Paulina, esa delicada escarcha que rodea una llama tan pura y perfecta es un privilegio inestimable de la naturaleza.
—Ya ve que conozco el temperamento de Graham —exclamó—. Ninguna delicadeza es demasiado exquisita a la hora de tratarle.
—Es obvio que usted le comprende, Paulina; además, fuera cual fuera el temperamento del doctor Bretton, aunque hubiera esperado una acogida más cálida, usted se habrÃa comportado tierna, leal y honestamente con su padre.
—Lucy, confÃo en actuar siempre asÃ. ¡Oh, qué doloroso será despertar a papá de su sueño y decirle que ya no soy una niña!