Villette
Villette —Sólo es algodón —me apresuré a decir—; y es más barato, y se lava mejor que cualquier otro color.
—Et mademoiselle Lucie est coquette comme dix Parisiennes —respondió—. A-t-on jamais vu une Anglaise pareille, regardez plutôt son chapeau, et ses gants, et ses brodequins[323]!
Todas esas prendas eran exactamente iguales que las de mis compañeras; de ningún modo más elegantes: en todo caso más sencillas que la mayorÃa; pero monsieur estaba emocionado con ellas y yo empecé a indignarme ante el sermón que se avecinaba. Todo pasó, sin embargo, tan suavemente como a menudo pasa un amago de tormenta en un dÃa de verano. Sólo me llegó el destello de un relámpago a través de la sonrisa jocosa que brilló en sus ojos; y entonces dijo:
—Courage! À vraie dire je ne suis pas fâché, peut-être même suis je content qu’on s’est fait si belle pour ma petite fête[324].
—Mais ma robe n’est pas belle, monsieur - elle n’est que propre[325].
—J’aime la propreté[326] —exclamó él.
En pocas palabras, no pensaba enojarse; el sol del buen humor debÃa triunfar aquella prometedora mañana; devoraba las nubes que pasaban antes de que mancillaran su esfera.