Villette
Villette Me pregunté qué estarían discutiendo; y, cuando madame Beck volvió a entrar en la casa al oscurecer, dejando a su primo Paul en el jardín, pensé:
«Esta mañana me ha llamado petite soeur. Si realmente fuera mi hermano, ¡cuánto me gustaría acercarme a él en estos momentos y preguntarle qué le preocupa! Mira cómo se apoya en ese árbol, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Necesita consuelo, lo sé: madame no ofrece consuelo; sólo pone objeciones. Y ahora…».
Pasando de la quiescencia a la acción, monsieur Paul bajó muy erguido por el jardín, dando grandes zancadas. Las puertas del carré estaban todavía abiertas: supuse que iría a regar los tiestos de los naranjos, como hacía de vez en cuando; al llegar al patio, sin embargo, cambió bruscamente de dirección y se acercó al berceau y a la puerta acristalada de la clase de primero. Yo estaba en esa clase, había estado observándole desde allí; pero me faltó valor para esperar su llegada. Se había vuelto de un modo tan repentino, andaba tan deprisa, tenía un aspecto tan extraño… La cobarde que había en mi interior palideció, retrocedió y, sin escuchar la voz de la razón, y oyendo el crujido de la hierba y el sonido de la grava bajo sus pies, huyó empujada por las alas del pánico.