Villette
Villette Y no me detuve hasta refugiarme en el oratorio, ahora vacío. Escuchando desde allí, con el corazón palpitante y un miedo inexplicable, indefinido, le oí recorrer todas las aulas, dando impacientes portazos a su paso; le oí irrumpir en el refectorio durante la lecture pieuse; le oí pronunciar estas palabras:
—Où est mademoiselle Lucie[335]?
Y en el instante en que, armándome de valor, me disponía a bajar para hacer lo que, después de todo, más deseaba hacer en el mundo, es decir, ir a su encuentro, la voz chillona de Zélie St Pierre respondió insidiosamente:
—Elle est au lit[336].
Y monsieur Paul salió al pasillo sin disimular su irritación. Madame Beck fue a su encuentro, le capturó, reprendió y escoltó hasta la entrada, y finalmente se despidió de él.