Villette
Villette Al cerrarse la puerta de la calle, recordé con asombro mi malvado proceder y lo sentí en el alma. Sabía desde el principio que él me buscaba, que quería estar conmigo, ¿acaso no lo deseaba yo también? Entonces ¿qué me había alejado? ¿Qué me había llevado lejos de su alcance? Tenía algo que decirme, iba a contármelo: mis oídos se aguzaban, y yo había hecho imposible su confidencia. Anhelante de escuchar y consolar cuando creía que eran dos cosas fuera de mi alcance, al presentarse de pronto la oportunidad, la eludía como hubiera eludido mi propia muerte.
Pues bien, mi enloquecida falta de coherencia recibió su merecido. En lugar del bienestar, de la satisfacción que habría experimentado si hubiera dominado el pánico y me hubiera mantenido firme dos minutos, sólo me quedaban el profundo vacío, la duda inquietante y la negra incertidumbre.
Coloqué mis ganancias bajo la almohada, y pasé la noche contándolas.