Villette
Villette Nadie en ese momento estaba más tranquilo que yo. Liberada de mis responsabilidades gracias a la presencia de madame Beck, sosegada por su voz uniforme, y disfrutando y aprendiendo con la clara explicación del tema que nos ocupaba (pues era muy buena profesora), me inclinaba sobre mi pupitre dibujando, es decir, haciendo una copia de un minucioso grabado, esforzándome para que se pareciera al original, pues ésa era mi idea del arte; y, por extraño que parezca, me complacÃa enormemente esa tarea, e incluso sabÃa reproducir facsÃmiles chinos de una gran exquisitez, de planchas de acero o punta seca; no creo que fueran más valiosos que los trabajos de estambre, pero, por aquel entonces, yo tenÃa muy buena opinión de ellos.