Villette
Villette No tuve que buscar muy lejos: apartando la mirada de aquella parroquia rural en la fértil llanura del centro de Inglaterra, vi a mi alcance lo que nunca había contemplado con mis ojos; vi Londres.
Al día siguiente regresé a la mansión y pedí de nuevo ver al ama de llaves para comunicarle mi plan.
La señora Barrett era una mujer seria y juiciosa, aunque apenas sabía un poco más del mundo que yo; a pesar de su seriedad y su buen juicio, no me acusó de haber perdido la razón. No hay duda de que mi aplomo me ha protegido siempre al igual que una capa con capucha de sencilla lana gris, pues gracias a él he podido coronar con impunidad, e incluso aprobación, ciertas hazañas que, de haber sido intentadas con agitación y nerviosismo, me habrían convertido a los ojos de muchos en una soñadora y en una fanática.