Villette
Villette —¿Habla usted en serio, monsieur? ¿Piensa realmente que me necesita y que puede sentir el mismo interés por mà que por una hermana?
—Por supuesto, por supuesto —respondió—; un hombre solitario como yo, sin ninguna hermana, no puede sino alegrarse de encontrar un cariño puro y fraternal en el corazón de una mujer.
—Y ¿me atreveré yo a confiar en el respeto de monsieur? ¿Osaré dirigirme a él cuando me sienta inclinada a hacerlo?
—Mi hermana pequeña debe hacer sus experimentos —dijo él—; no le prometo nada. Tiene que importunar y poner a prueba a su dÃscolo hermano hasta inculcarle lo que desee. Después de todo, resulta bastante dúctil en algunas manos.
Mientras hablaba, el tono de su voz, el brillo de sus ojos ahora tan afectuosos, me infundieron una alegrÃa desconocida. No envidié a ninguna joven su enamorado, ni a ninguna novia su novio, ni a ninguna esposa su marido; me sentÃa feliz con aquel amigo voluntario. Si podÃa fiarme de él, como parecÃa, ¿qué otra cosa podÃa codiciar que no fuera su amistad? Pero ¿y si todo se desvanecÃa como un sueño, al igual que habÃa ocurrido antes?
—Qu’est-ce donc? ¿Qué ocurre? —preguntó, cuando ese pensamiento se me clavó en el corazón y ensombreció mi rostro.