Villette
Villette Esbozó una sonrisa mientras me contemplaba desde las alturas: ningún carácter, salvo el suyo, habrÃa expresado con una sonrisa la agitación que bullÃa en su interior.
—Monsieur de Bassompierre está ahÃ, ¿verdad? —inquirió, señalando la biblioteca.
—SÃ.
—¿Reparó en mà durante la comida? ¿Entendió mis palabras?
—SÃ, Graham.
—Entonces va a dictarse mi sentencia… y Paulina, ¿se encuentra con él?
—El señor Home (a veces seguÃamos llamándole asÃ) está hablando con su hija.
—¡Vaya! ¡Qué momentos tan duros, Lucy!
Se hallaba de lo más inquieto; su mano juvenil temblaba; una tensión vital (iba a escribir mortal, pero ese calificativo no se ajustaba a una persona tan llena de vida) contenÃa o aceleraba su respiración: a pesar de las dificultades, su sonrisa no se apagó.
—¿Está monsieur de Bassompierre muy enojado, Lucy?
—Ella es muy leal, Graham.
—¿Qué harán conmigo?
—Su destino será afortunado, Graham.