Villette
Villette —MuchÃsimo, señor. Debe brindármela su generosidad, como un regalo; y su justicia, como una recompensa. Jamás podré ganarla.
—¡Escuchen la lengua de las Tierras Altas! —exclamó el señor Home—. ¡Levanta la mirada, Polly! Contesta a este valeroso admirador; ¡dile que se vaya!
Ella alzó la vista. Echó una tÃmida ojeada a su fogoso y apuesto pretendiente. Miró con ternura a su ceñudo padre.
—Papá, os quiero a los dos —contestó—; puedo cuidaros a los dos. No es necesario que le diga a Graham que se vaya, puede vivir aquÃ; no será ninguna molestia —afirmó con esa ingenuidad que a veces hacÃa sonreÃr tanto a su padre como a Graham.
Ambos sonrieron.
—Será una molestia tremenda para mà —insistió el señor Home—. No le quiero, Polly; es demasiado alto; me estorba. Dile que se marche.
—Te acostumbrarás a él, papá. A mà me parecÃa altÃsimo al principio… era como una torre cuando levantaba la cabeza para mirarlo; pero, en conjunto, no me gustarÃa que fuera de otro modo.
—Me opongo totalmente a él, Polly; puedo arreglármelas sin un yerno. Jamás habrÃa pedido al mejor hombre de la tierra que estableciera esa clase de parentesco conmigo. Despide a este caballero.