Villette
Villette —Pero ¡hace tanto tiempo que le conoces y tenéis tanto en común!
—¡Tanto en común! SÃ, ha fingido que mis opiniones y mis gustos coincidÃan con los suyos. TenÃa un buen motivo para seguirme la corriente. Será mejor que tú y yo le digamos adiós, Polly.
—Sólo hasta mañana. Dale la mano a Graham, papá.
—No; prefiero no hacerlo: no soy su amigo. No lograréis engatusarme entre los dos.
—Por supuesto, por supuesto que sois amigos. Graham, extiende tu mano derecha. Papá, acerca la tuya. Y ahora, estrechároslas. Papá, no seas tan rÃgido, cierra los dedos; sé un poco más dócil… ¡asÃ! Pero eso no es un apretón cordial… Papá, tus dedos parecen tenazas. Estás aplastando la mano de Graham; ¡le haces daño!
Y debió de ser cierto, pues llevaba una enorme sortija con brillantes alrededor, cuyas aristas cortaron la piel de Graham y le hicieron sangre: pero el dolor sólo empujó al doctor John a reÃr, de igual modo que la inquietud habÃa hecho asomar su sonrisa.
—Venga conmigo a mi estudio —dijo, finalmente, el señor Home al doctor Bretton.