Villette
Villette Los dos se marcharon. Su entrevista no fue muy larga, pero supongo que fue decisiva. El pretendiente tuvo que someterse a un interrogatorio y a un severo examen sobre muchas cuestiones. Aunque a veces diera la impresión de que las palabras y las miradas del doctor Bretton reflejaban cierta picardía, lo cierto es que era un hombre de sólidos principios. Sus respuestas, según supe después, denotaron tanto sabiduría como integridad. Había manejado bien sus asuntos financieros. Había luchado contra toda clase de enredos y dificultades; estaba recuperando la fortuna familiar; demostró que estaba en condiciones de casarse.
El padre y el enamorado regresaron a la biblioteca. Monsieur de Bassompierre cerró la puerta; señaló a su hija.
—Tómela —exclamó—. Tómela, John Bretton; y ¡que Dios le dispense el mismo trato que usted le dispense a ella!