Villette
Villette Y lo cierto es que el amuleto estaba allí, un hechizo que impedía que se enemistaran. La joven se convirtió en un vínculo entre los dos, influyendo en ambos y haciendo que reinase la armonía. Extraía su felicidad de ellos y, cuanto tomaba prestado, lo devolvía con creces.
«¿Existe de veras semejante dicha en la tierra?», pensé, mientras contemplaba al padre, a la hija y al futuro marido, los tres juntos… bienaventurados y felices.
Claro que existe. Sin caer en el romanticismo ni dejar que nuestra fantasía vuele demasiado, podemos decir que existe. Algunas vidas —durante ciertos días o años— anticipan la felicidad del Cielo; y tengo la convicción de que, si las personas buenas (pues nunca les ocurre a las malas) experimentan esa felicidad tan perfecta, su dulce efecto jamás se pierde por completo. Sean cuales sean las tribulaciones que les esperen, las enfermedades o las sombras de la muerte, la gloria anterior continúa brillando, reconfortando su terrible angustia e impregnando las nubes más sombrías.