Villette
Villette Pasé toda la noche que siguió a nuestra conversación reflexionando. Deseaba con toda el alma que amaneciera, y escuchar por fin el sonido de la campanilla; después de levantarme y vestirme, las oraciones y el desayuno se me hicieron eternos, así como las horas que me separaban de la clase de literatura. Quería comprender mejor aquella alianza fraternal: observar si se comportaba como un hermano al verme de nuevo; comprobar cuánto había de hermana en mis propios sentimientos; descubrir si yo podía reunir el valor de una hermana, y él la franqueza de un hermano.
Monsieur Paul entró. La vida está organizada de tal modo que los acontecimientos no pueden, no logran, colmar las expectativas. No se dirigió a mí en todo el día. Dio su clase con más tranquilidad de la habitual, con más cortesía y también mayor gravedad. Se mostró muy paternal con sus alumnas, pero nada fraternal conmigo. Cuando iba a abandonar la clase, yo esperé una sonrisa, por no decir una palabra; no me dedicó ni lo uno ni lo otro: se limitó a saludarme con la cabeza, apresurada, tímidamente.
Este distanciamiento, argumenté, es accidental, involuntario; un poco de paciencia y desaparecerá. No desapareció; continuó durante días; aumentó. Oculté mi sorpresa, y reprimí cualquier otro sentimiento que empezara a aflorar.