Villette
Villette Sylvie apareció de nuevo ante mi vista, retozando muy feliz, anunciando el regreso del paletôt; la regadera fue depositada al lado de la fuente; había cumplido su misión; ¡cuánto me alegré! Monsieur se lavó las manos en una pequeña pila de piedra. Era demasiado tarde para una lección; la campanilla de las oraciones no tardaría en sonar; pero todavía debíamos encontrarnos; él me hablaría; tendría la oportunidad de leer en sus ojos el enigma de su timidez. Cuando terminó sus abluciones, se arregló lentamente los puños y contempló una luna joven en forma de asta; flotaba pálida en el cielo opalino y brillaba débilmente sobre las vidrieras de St Jean Baptiste. Sylvie observaba aquel ánimo contemplativo; le irritaba tanta quietud; gruñó y saltó para perturbarla. Monsieur Paul bajó la mirada.
—Petite exigeante[368]! —exclamó—. Según parece, no puedo olvidarme de ti ni un instante.