Villette
Villette Se agachó, la cogió en brazos, y cruzó el patio con aire despreocupado, a menos de una yarda de la hilera de ventanas; yo estaba tras una de ellas. Caminaba lentamente, acariciando y estrechando a la pequeña spaniel contra su pecho, hablándole con ternura. Al llegar a los escalones de la puerta, se volvió; miró de nuevo la luna, la catedral cenicienta, y por encima de los chapiteles más lejanos y de los tejados de los edificios desvaneciéndose en un mar azul de neblina nocturna; disfrutó del dulce aliento del crepúsculo, y percibió la frescura y la belleza envolvente de las flores; súbitamente, miró a uno y otro lado; recorrió con sus ojos penetrantes la façade[369] blanca de las clases y la larga hilera de croisees[370]. Creo que hizo una pequeña reverencia; si la hizo, no tuve tiempo de devolverle el saludo. En un instante, se había ido. El umbral iluminado por la luna se quedó pálido y sin sombras ante la puerta cerrada.
Recogiendo todo lo que tenía en la mesa, lo llevé, sin utilizar, a su lugar en la clase de tercero. Sonó la campanilla de las oraciones; obedecí a su llamada.