Villette
Villette Aquel dÃa no brillaba el sol del atardecer; el este y el oeste estaban cubiertos de nubes; ninguna neblina nocturna de verano, azul, aunque teñida de escarlata, suavizaba la distancia; la niebla húmeda y gris de los pantanos envolvÃa Villette. Aquella noche la regadera descansarÃa en su nicho al lado del pozo; habÃa estado lloviznando toda la tarde, y el agua seguÃa cayendo veloz y silenciosa. No era tiempo para pasear por los senderos encharcados, bajo unos árboles que goteaban sin cesar; y me sorprendió oÃr en el jardÃn el ladrido de Sylvie: su ladrido de bienvenida. Seguramente no estaba acompañada; pero sólo ladraba de aquel modo, rápido y alegre, cuando llegaba cierta persona.