Villette
Villette Dejó a Sylvie en el suelo, ordenándole que se quedara quieta junto a su bonnet-grec, y, quitándome las plumas y la pequeña navaja, procedió a rebajar, afinar y sacar punta con la precisión y celeridad de una máquina.
¿Me había gustado el librito?, quiso saber.
Conteniendo un bostezo, respondí que no lo sabía.
¿Me había conmovido?
Le dije que creía que me había dado sueño.
Guardó unos instantes de silencio.
Allons donc! No servía de nada que adoptara ese tono con él. Por muy mala que fuera —y sentiría mucho tener que enumerar todos mis defectos de corrido—, Dios y la naturaleza me habían dado trop de sensibilité et de sympathie[376] para quedarme impasible ante un llamamiento tan conmovedor.
Le repuse, acalorándome, que no me había emocionado nada… ni una pizca.
Y, en prueba de ello, saqué del bolsillo un pañuelo completamente seco, que seguía limpio y doblado.