Villette
Villette Esperó, como si deseara que yo le diese una opinión sin preguntármela. Pero yo no estaba de humor para hacer o decir nada que no me hubiesen pedido. Si habÃa que hacer algunas concesiones, si se solicitaban algunos avances, no era asunto mÃo sino del sumiso discÃpulo de père Silas. Monsieur Paul me miró con dulzura; habÃa bondad en aquel fulgor azul… habÃa solicitud… y una sombra de patetismo; sus ojos reflejaban sentimientos múltiples y contrapuestos… el reproche transformándose en remordimiento. Es muy probable que en aquel instante se hubiese alegrado de ver alguna emoción en mÃ. No pude mostrarla. Sin embargo, no habrÃa tardado en traicionar mi turbación si no hubiera decidido sacar algunas plumas de mi pupitre y empezar a arreglarlas discretamente.
SabÃa que esa acción le irritarÃa. No le gustaba que me ocupara de las plumas; mi pequeña navaja estaba siempre mal afilada, y a mi mano le faltaba destreza; cortaba y partÃa. En aquella ocasión me corté hasta un dedo… medio a propósito. QuerÃa que monsieur Paul volviera a ser el de siempre, que se sintiera a gusto, conseguir que me reprendiera.
—Maladroite[375]! —exclamó al fin—. Se hará picadillo las manos.