Villette
Villette Se fue más tranquilo, aunque lleno de inquietud, musitando el deseo, tan fuerte como una oración, de que, si estaba equivocada, el Cielo me mostrara el buen camino. En el umbral, le oà dirigirse con fervor a Marie, Reine du Ciel, y decirle entre susurros cuánto anhelaba que su esperanza pudiera convertirse en la mÃa.
¡Qué extraño! Yo no tenÃa ese deseo febril de apartarle de la fe de sus padres. Pensaba que el catolicismo estaba equivocado, me parecÃa una gigantesca estatua de oro y de barro; pero aquel católico defendÃa los principios más puros de su credo con una inocencia que Dios debÃa amar.
La conversación anterior tuvo lugar entre las ocho y las nueve de la noche, en un aula de la apacible rue Fossette que daba a un jardÃn solitario. Es muy posible que, al dÃa siguiente a la misma hora o un poco más tarde, sus ecos, recogidos con santa obediencia, fueran vertidos literalmente en un oÃdo atento, junto al panel de un confesionario, en la vetusta iglesia de los Reyes Magos. A continuación, père Silas visitó a madame Beck y, movido no sé por qué mezcla de razones, la convenció para que le dejara asumir por algún tiempo la dirección espiritual de la hereje inglesa.