Villette
Villette Me cuidé muy mucho de tener ocupados todos los minutos de aquel día, y habría pasado la noche sin dormir si hubiera podido dejar una vela encendida; la noche, sin embargo, fue espantosa, y demoledores sus efectos, pues me dejó sin fuerzas para enfrentarme a los insoportables cotilleos del día siguiente. Por supuesto, todo el mundo comentó la noticia. La sorpresa inicial había ido acompañada de cierta reserva: no tardó en desaparecer; se abrieron todas las bocas; se movieron todas las lenguas; profesoras, alumnas, los mismísimos criados, pronunciaron el nombre de «Emanuel». Él, que había estado siempre vinculado al colegio, ¿se marchaba de pronto? A todos les pareció extraño.
Dijeron tantas cosas, con tanta frecuencia, que, de las innumerables palabras y rumores, se deslizó al fin alguna información. Hacia el tercer día oí decir que monsieur Paul zarparía en una semana; más tarde… que su destino eran las Indias Occidentales. Miré el rostro de madame Beck, clavé mis ojos en los suyos, para ver si confirmaban o desmentían esa noticia; la observé atentamente, pero nada en nuestra directora reveló algo que yo no supiera.