Villette
Villette Aún perduran en mi memoria los momentos de oscuridad y desesperación que pasé cuando me quedé a solas: un dolor indescriptible por una pérdida irreparable. ¿Qué debía hacer? ¿Qué debía hacer cuando arrancaban de un corazón escarnecido y destrozado la esperanza de mi vida?
Lo que debería haber hecho es algo que no sé, pues una niña, la más pequeña del colegio, irrumpió con su simplicidad y su inconsciencia en el violento, aunque silencioso, núcleo de aquel conflicto interior.
—Mademoiselle —ceceó una voz aguda—, tengo que darle esto. Monsieur Paul me dijo que la buscara por toda la casa, desde el grenier hasta el sótano, y que, cuando la encontrara, le diera esto.
La chiquilla me entregó una nota; la pequeña paloma dejó caer una rama de olivo sobre mis rodillas. No llevaba nombre ni dirección, únicamente estas palabras:
No tenía intención de despedirme de usted cuando dije adiós a las demás, pero esperaba verla en clase. Me sentí muy decepcionado. Nuestra entrevista se aplaza. Esté preparada. Antes de zarpar, he de encontrar el momento de verla y hablar con usted largo y tendido. Esté alerta; mis segundos están contados y, en estos instantes, monopolizados; además, tengo un asunto confidencial entre manos que no quiero compartir ni revelar a nadie… ni siquiera a usted.