Villette
Villette PAUL.
¿Que estuviera alerta? Entonces tenÃa que ser aquella tarde; ¿acaso no se marchaba por la mañana? SÃ, de eso estaba segura. HabÃa visto anunciada la fecha en que zarpaba su barco. ¡Oh! EstarÃa preparada, pero ¿llegarÃa realmente a celebrarse aquel encuentro tan ansiado? ¡Quedaba tan poco tiempo! ¡ParecÃan vigilarle tan estrecha, activa y hostilmente! El camino de acceso se abrÃa angosto como un desfiladero, profundo como un abismo: ApolÃon[395] lo recorrÃa de un lado a otro, arrojando llamas por la boca. ¿PodrÃa triunfar mi generoso amigo? ¿PodrÃa mi guÃa llegar hasta mÃ?
¿Quién podÃa decirlo? Y, sin embargo, empecé a sentir que mi ánimo renacÃa, que no me embargaba el desconsuelo; tenÃa la sensación de que su corazón latÃa dentro del mÃo.