Villette
Villette —Ordenaré que calienten su cama. Goton aún está levantada. Le ayudará a sentirse mejor: le preparará un sedante.
—Madame —estallé—, es usted una hedonista. Bajo toda su serenidad, su paz y su decoro, es usted una auténtica hedonista. Ordene que calienten, que hagan más mullida su cama; tome cuantos sedantes y carnes, bebidas dulces y condimentadas desee. Si tiene usted alguna pena o desengaño, como tal vez ocurra… sÃ, sé que los tiene… busque los paliativos que más le plazcan. Pero déjeme en paz. ¡Déjeme en paz!
—Enviaré a otra persona para que la cuide, meess; enviaré a Goton.
—Se lo prohÃbo. Déjeme sola. ¡QuÃteme las manos de encima! Y no se entrometa en mi vida, ni en mis problemas. ¡Oh, madame! En sus manos hay frÃo y veneno. Usted contamina y paraliza.
—¿Qué he hecho yo, meess? No debe casarse con Paul. Él no puede contraer matrimonio.
—¡El perro del hortelano! —exclamé; pues sabÃa que ella querÃa casarse con él en secreto, y siempre lo habÃa deseado.