Villette
Villette Aquélla fue la única rencontre[397] entre madame Beck y yo en que la verdad salió por fuerza a la luz; aquella breve escena nocturna jamás se repitió. No cambió un ápice su comportamiento conmigo. No me consta que se vengara de mis palabras. No creo que me odiara más por mi crueldad y mi franqueza. Pienso que se escudaba en la secreta filosofÃa de la fortaleza de su espÃritu, decidida a olvidar lo que le molestaba recordar. Sé que hasta el final de nuestras vidas ni se repitió, ni se hizo la menor alusión a aquel violento episodio.
Pasó la noche: todas las noches —incluso la noche sin estrellas que precede a la disolución— deben consumirse. Hacia las seis de la mañana, la hora en que todos se levantaban, salà al patio y me lavé la cara con el agua frÃa y fresca del pozo. Al entrar por el carré, un espejo colocado sobre un mueble de roble reflejó mi imagen. DecÃa que habÃa cambiado; tenÃa las mejillas y los labios pálidos y mortecinos, los ojos vidriosos, y los párpados lÃvidos e hinchados.
Al reunirme con mis compañeras, fui consciente de que todas me miraban, y sentà que podÃan leer mi corazón; pensaba que yo misma me habÃa traicionado. Estaba convencida de que hasta la alumna más pequeña del colegio habÃa adivinado por qué y por quién me hallaba tan desesperada.