Villette
Villette —Madame dice que la ayudará a dormir bien —dijo Goton, cuando le devolvà la copa vacÃa.
¡Ay! El sedante estaba administrado. En realidad, me habÃan dado un fuerte opiáceo. HabÃa que tenerme tranquila por una noche.
Todo el mundo se acostó, encendieron la lámpara nocturna y el gran dormitorio se hundió en el silencio. Pronto imperó el sueño: sobre aquellas almohadas, obtuvo una fácil supremacÃa; reinó satisfecho sobre los corazones y las cabezas que no sufrÃan… pero pasó de largo por los espÃritus atormentados.
La droga empezó a actuar. No sé si la dosis de madame era excesiva o insuficiente; pero no causó el efecto esperado. En lugar de sumirme en un letargo, me sentà muy excitada. Me asaltaron pensamientos nuevos, ensoñaciones de colores muy singulares. Una llamada alertó a mis facultades, sonaron los clarines, las trompetas retumbaron a una hora intempestiva. La Imaginación se puso en pie y dio un paso al frente, audaz e impetuosa. Miró con desprecio a la Materia, su compañera.
—¡Arriba! —exclamó—. ¡Indolente! Esta noche haré mi voluntad; no me someteré a la tuya.
»¡Contempla el cielo nocturno! —fue su grito.
Y, cuando levanté con esfuerzo la persiana más próxima, con un gesto majestuoso, me mostró una luna soberana en medio de un firmamento profundo y esplendoroso.