Villette
Villette Me volví, más para ahuyentar que para responder. Vi a un hombre, un burgués, que al principio me pareció un extraño, pero que no tardé en reconocer: era el comerciante que suministraba los libros y los artículos de escritorio a la rue Fossette; un hombre famoso en nuestro pensionnat por su temperamento colérico y su brusquedad, incluso con nosotros, sus principales clientes; pero que, en mi fuero interno, nunca me había disgustado, pues conmigo solía mostrarse cortés, incluso amable; y en una ocasión me había hecho un favor, ayudándome a realizar un pequeño y complicado cambio de moneda extranjera. Era un hombre inteligente; bajo su aspereza, tenía buen corazón; varias veces se me había ocurrido pensar que una parte de su naturaleza guardaba cierta afinidad con monsieur Emanuel (al que conocía bien, y al que yo había visto a menudo sobre el mostrador de Miret, hojeando las publicaciones del mes); y en esa afinidad encontré la explicación de ese sentimiento conciliatorio con que yo instintivamente le miraba.