Villette
Villette Mi estado de ánimo, asà como las circunstancias que me rodeaban, resultaban de lo más favorables para que adoptara una nueva pauta de conducta, decidida, temeraria, tal vez desesperada. No tenÃa nada que perder. Una aversión indescriptible a la tediosa existencia que habÃa llevado antes me impedÃa volverme atrás. Si fracasaba en los pasos que planeaba dar, ¿quién sufrirÃa aparte de mÃ? Si morÃa lejos de… del hogar iba a decir, pero yo no tenÃa hogar…, lejos de Inglaterra, ¿quién me llorarÃa?
Es posible que sufriera; pero estaba acostumbrada al sufrimiento: la muerte misma no me aterrorizaba tanto como a quienes han vivido de forma placentera. Hasta entonces, habÃa pensado en ella con serenidad. Preparada, pues, para cualquier eventualidad, concebà un plan.
Ese mismo dÃa, obtuve información de mi amigo el camarero sobre los barcos que zarpaban rumbo a un puerto del Continente: Boue-Marine. Descubrà que no tenÃa tiempo que perder, pues aquella misma noche debÃa ocupar mi camarote. PodrÃa haber esperado a la mañana para embarcar, pero no querÃa correr el riesgo de llegar demasiado tarde.
—Será mejor que suba a bordo cuanto antes, señora —me aconsejó el camarero.