Villette
Villette Es posible que madame Walravens estuviera tan poco interesada como yo en aquella conversación tan superficial; parecÃa inquieta, y volvÃa la cabeza a un lado y otro, mirando entre los árboles y la multitud, como si esperara la llegada de alguien y estuviera impaciente por su retraso.
—Où sont-ils? Pourquoi ne viennent-ils[402]? —le oà refunfuñar varias veces.
Y, finalmente, decidida a obtener una respuesta a sus preguntas —que hasta entonces habÃan dejado indiferentes a los demás—, pronunció en voz alta una frase… una frase muy breve, muy sencilla, pero que produjo en mà el efecto de un mazazo.
—Messieurs et mesdames —dijo—, ¿où donc est Justine Marie[403]?
¡Justine Marie! ¿Por qué ese nombre? Justine Marie, la monja difunta, ¿dónde estaba? En su tumba, madame Walravens, ¿qué pretende hacer con ella? Usted irá a su encuentro, pero ella no vendrá.
Ésas habrÃan sido mis palabras, si hubiera estado en mi poder contestarle, pero nadie parecÃa estar de acuerdo conmigo; nadie parecÃa sorprendido, perplejo o asustado. La respuesta más convencional salió al encuentro de aquella pregunta, dirigida a la pitonisa de Endor[404] para perturbar la paz de los muertos.
—Justine Marie —exclamó alguien— vendrá en seguida; está en el quiosco; no tardará en llegar.