Villette
Villette Aquel diálogo propició un cambio en la conversación, que continuó siendo superficial: una charla fácil, desordenada, familiar. Indirectas, alusiones, comentarios recorrieron el cÃrculo, pero eran muy confusos, y hacÃan referencia a personas no nombradas o a circunstancias poco definidas, de modo que, por muy atentamente que escuchara —y en ese momento lo hacÃa con enorme interés—, lo único que saqué en claro fue que habÃan pergeñado un plan relacionado con aquella fantasmagórica Justine Marie, viva o muerta. No sé por qué, aquel conciliábulo familiar parecÃa en cierto modo aferrarse a ella. Hablaban de un matrimonio, de una fortuna, pero no supe de quién; tal vez se referÃan a Victor Kint, o a Josef Emanuel, los dos eran solteros. Una vez creà que el objeto de las insinuaciones y las bromas era un joven extranjero de pelo rubio, al que llamaban Heinrich Mühler. En medio de la diversión, se oÃa de vez en cuando la voz ronca y obstinada de madame Walravens; sólo parecÃa olvidar su impaciencia ejerciendo una implacable vigilancia sobre Désirée, que no podÃa moverse sin que la anciana la amenazara con su bastón.
—Là voilà ! —exclamó de pronto uno de los caballeros—. Voilà Justine Marie qui arrive[405]!