Villette
Villette PodrÃa haber observado todo con más detenimiento; podrÃa haber reflexionado antes de sacar conclusiones. Tal vez algunos habrÃan considerado las premisas dudosas, las pruebas insuficientes; algunos escépticos, antes de aceptarlo, habrÃan contemplado con incredulidad el proyecto de matrimonio entre un hombre pobre y generoso de cuarenta años y su rica pupila de dieciocho. Pero estaban muy lejos de mà esos recursos y paliativos; esa evasión temporal de la realidad; esa cobarde huida del veloz, poderoso y aterrador Hecho; esa temerosa vacilación a someterse al único soberano; esa ambigua y vacilante resistencia al Poder, cuya misión es avanzar victorioso y derrotar al enemigo; esa ominosa traición a la VERDAD.
No. Me apresuré a aceptar todo aquel plan. Extendà la mano y me aferré a él. Lo cogà con una especie de furor apresurado, y me envolvà en él, de igual modo que el soldado caÃdo en la batalla se envuelve en su bandera. Invoqué a la Convicción para que clavara en mà la certeza —que estreché con odio entre mis brazos—, y la fijara con los golpes más fuertes que sus poderosos brazos pudieran asestar; y, cuando el hierro se adentró en lo más profundo de mi alma, me puse en pie, creyéndome renovada.
En mi enajenación, exclamé: