Villette
Villette ¿Qué extraña, oscura y larga figura se ha apropiado de él y descansa boca arriba? ¿Es un ladrón que ha encontrado el portón abierto y está al acecho? Parece muy negro, no creo que su apariencia… sea humana. ¿Puede ser un perro callejero que, tras entrar sigilosamente en el pensionnat, se ha acurrucado en mi cama? ¿Pegará un salto si me acerco? Debo hacerlo. ¡Valor! ¡Un paso más!
Todo empezó a darme vueltas, pues, a la luz mortecina de la lámpara nocturna, vi acostado en mi cama…, ¡el viejo fantasma de la MONJA!
Un grito en esos momentos habría sido mi ruina. Fuera cual fuera el espectáculo, no podía permitirme la consternación, ni el chillido, ni el desmayo. Además, era dueña de la situación. Templados por los últimos incidentes, mis nervios despreciaban la histeria. Animada por las luces y la música, así como por la ingente multitud, y fustigada por un nuevo latigazo, desafiaba a los espectros. En unos instantes, sin proferir ninguna exclamación, me abalancé sobre el lecho embrujado; nada saltó en él, ni se agitó; el único movimiento fue el mío, al igual que la vida, la realidad, la sustancia, la fuerza; mi instinto lo comprendió. ¡Levanté a la aparición diabólica! ¡Sostuve en alto al espíritu maligno! ¡Zarandeé al misterio! Y cayó al suelo, a mi alrededor, deshecho en pedazos… y yo lo pisoteé.