Villette
Villette Y volví a ver el árbol desnudo, el Rocinante sin caballeriza; la capa de nubes, el brillo de la luna. La monja de elevada estatura resultó ser una larga almohada cubierta con un hábito negro y envuelta ingeniosamente en un velo blanco. Lo cierto es que aquellas ropas, por extraño que parezca, eran auténticas prendas de monja, y una mano las había colocado para que produjeran ese efecto. ¿De dónde salía aquella vestimenta? ¿Quién había urdido aquel engaño? No encontraba respuesta a esas preguntas. En el velo habían prendido un papel, donde se leían estas burlonas palabras escritas a lápiz:
La monja del ático lega su guardarropa a Lucy Snowe. No volverá a aparecer por la rue Fossette.
¿Qué o quién se me había aparecido? La había visto tres veces. No conocía a ninguna mujer tan alta como aquel fantasma. No tenía una estatura femenina. Tampoco podía atribuir a un hombre, ni por un instante, aquella intriga.