Villette
Villette Y entonces la novia volvió a enviarlo con madame Beck, y se quedó a solas conmigo, y siguió asfixiándome literalmente con su animación desbordante, sus chiquilladas, su alocamiento. Me mostró su anillo exultante; se llamó madame la comtesse de Hamal, y me preguntó veinte veces qué tal sonaba. Yo apenas hablé. Me limité a darle un mendrugo de mi naturaleza. Da igual: era todo lo que esperaba de mí; me conocía demasiado bien para buscar algún cumplido. Disfrutaba con mis mordaces burlas, y cuanto más prosaica e impasible era mi expresión, más alegremente se reía.