Cumbres Borrascosas

Cumbres Borrascosas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Le contó a su mujer la misma historia, y ella parecía creerle, pero una noche, mientras estaba reclinada en su hombro, al intentar decirle que creía que podría levantarse al día siguiente, le dio un ataque de tos —uno muy ligero—. Él la levantó en brazos. Ella se llevó las dos manos al cuello, se le demudó el rostro y había muerto.

Como la chica había anticipado, el niño Hareton quedó por completo en mis manos. El señor Earnshaw con tal de verle sano y no oírle nunca llorar estaba contento por lo que al niño se refería. En cuanto a él, su desesperación iba en aumento. Su dolor era de ésos que no se lamentan. No lloraba, ni rezaba. Maldecía y desafiaba, renegaba de Dios y de los hombres y se entregó a una insensata disipación. Los criados no soportaron mucho tiempo su conducta tiránica y perversa. Joseph y yo fuimos los únicos que nos quedamos. Yo no tuve valor para abandonar al niño a mi cargo y, además, ya sabe que yo había sido su hermana de leche y perdonaba su conducta más fácilmente que cualquier extraño lo hubiera hecho. Joseph se quedó para mangonear a arrendatarios y labriegos, y porque su vocación consistía en estar allí donde hubiera mucha maldad que reprender.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker