Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas El pobre Hareton chillaba y pataleaba en brazos de su padre con todas sus fuerzas, y redobló sus alaridos cuando lo llevó arriba y lo levantó por encima del pasamanos. Le grité que iba a asustar al niño hasta la locura, y corrí a rescatarle. Cuando les alcancé, Hindley se asomó por la barandilla para escuchar un ruido de abajo, olvidándose casi de lo que tenía en las manos.
—¿Quién está ahí? —preguntó, escuchando a alguien que se acercaba al pie de la escalera.
Yo me asomé también con el propósito de hacer señas a Heathcliff, cuyos pasos reconocí, para que no se acercara, y en el mismo instante que quité la vista de Hareton, dio un repentino salto, desprendiéndose de la negligente mano que le sujetaba, y cayó.