Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Si lo hubieran hecho habrÃa dejado mi marca en el mordedor.
El semblante de Heathcliff se relajó en una sonrisa burlona.
—Vamos, vamos —dijo—, está usted excitado, señor Lockwood. Tenga, beba un poco de vino. Los huéspedes son tan extraordinariamente raros en esta casa que ni yo ni mis perros, lo reconozco, apenas si sabemos cómo recibirlos. ¡A su salud, señor!
Me incliné y devolvà el brindis, empezando a darme cuenta de que serÃa estúpido seguir enfurruñado por los abusos de una manada de perros callejeros; además, me fastidiaba proporcionar a aquel tipo más diversión a mi costa, puesto que su humor tomaba ese cariz. Él, probablemente influido por una prudente consideración sobre la locura de ofender a un buen inquilino, suavizó un poco su lacónico estilo de saltarse los pronombres y verbos auxiliares, e introdujo lo que supuso que serÃa un tema de interés para mÃ… un discurso sobre las ventajas y los inconvenientes de mi actual lugar de retiro. Me pareció muy inteligente en los temas que tratamos, y antes de irme a casa estaba tan animado, que me ofrecà a hacerle otra visita al dÃa siguiente.
Él evidentemente no deseaba que repitiera mi intromisión. Sin embargo, iré. Es asombroso lo sociable que me siento comparado con él.