Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Era una noche muy oscura para verano. Las nubes parecÃan anunciar tormenta, y yo dije que serÃa mejor que nos sentáramos, pues seguro que la lluvia que se acercaba le traerÃa a casa sin más problemas. Sin embargo, no habÃa manera de convencer a Catherine de que se tranquilizara. Continuaba yendo de acá para allá, de la verja a la puerta, en un estado de agitación que no le permitÃa reposo, y al fin terminó por quedarse al lado del muro, cerca del camino, donde permaneció, sin hacer caso a mis reconvenciones, ni a los truenos rugientes, ni a las grandes gotas que empezaban a salpicar a su alrededor, llamando a intervalos, luego escuchando, y echándose a llorar amargamente después. Tratándose de un buen ataque de llanto apasionado, le ganaba a Hareton, o a cualquier niño.