Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Ellen, cierra la ventana, me muero de frÃo —y los dientes le castañeteaban mientras se acurrucaba más cerca de las casi ya extintas brasas.
—Está enferma —dijo Hindley, tomándole el pulso—. Supongo que ésa es la razón de no haber querido ir a la cama. ¡Maldita sea! No quiero tener problemas con más enfermedades aquÃ. ¿Por qué saliste a la lluvia?
—¡Por correr tras los mozos, como siempre! —graznó Joseph, aprovechando la oportunidad de nuestra vacilación para meter su malvada lengua—. Si yo fuera usted, amo, les cerrarÃa las puertas en sus narices a todos ellos, amable y sencillamente. En cuanto sale usted, se desliza aquà furtivamente ese gato de Linton. ¡Y la señorita Nelly es también una buena pieza! Se queda en la cocina vigilando su llegada y, cuando usted entra por una puerta, él sale por la otra, y entonces nuestra gran dama sigue sus galanteos por otro lado. ¡Bonita conducta, esconderse por los campos después de las doce de la noche con ese horrible diablo de gitano de Heathcliffi Se creen que estoy ciego, pero no, nada de eso. He visto al joven Linton entrar y salir, y te he visto a ti (dirigiéndose a mÃ), a ti, inútil, bruja asquerosa, espiar y entrar disparada en casa en el momento en que se oyeron por el camino los cascos del caballo del amo.