Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¡Cállate, fisgón! —gritó Catherine—. No te tolero más insolencias. Edgar Linton vino ayer por casualidad, Hindley, y fui yo la que le dije que se fuera porque sabÃa que no te agradarÃa encontrarle en el estado en que estabas.
—Mientes, Cathy, sin duda —contestó su hermano—. ¡Eres una condenada necia! Pero Linton no importa de momento. Dime, ¿no estuviste con Heathcliff anoche? Di la verdad, ahora mismo. No tengas miedo de que le haga daño. Aunque le odio tanto como siempre, me hizo un buen servicio hace poco y tendrÃa escrúpulos de conciencia de retorcerle el cuello. Para evitarlo le mandare a paseo esta misma mañana, y cuando se haya ido, os aconsejo a todos que estéis alerta, porque todo mi mal humor será para vosotros.
—No vi a Heathcliff en toda la noche —respondió Catherine, empezando a sollozar amargamente—. Y si le echas de casa, me iré con él. Pero quizá no tengas nunca esa oportunidad, quizá se haya ido ya —aquà rompió en una interminable congoja y el resto de sus palabras quedaron inarticuladas.