Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas ¡Una encantadora introducción a mi vida de ermitaño! ¡Cuatro semanas de tormento, de dar vueltas en la cama y de enfermedad! ¡Ah! ¡Estos gélidos vientos y crudos cielos del norte, y los caminos impracticables y los lentos médicos rurales! Y, ay, esta penuria de rostros humanos y, lo peor de todo, la terrible advertencia de Kenneth de que no espere salir de casa hasta la primavera.
El señor Heathcliff acaba de honrarme con una visita. Hace unos siete días me mandó un par de perdices[23]… las últimas de la temporada. ¡Bribón! No es del todo inocente de esta enfermedad mía, y tenía muchas ganas de decírselo. Pero cómo iba a ofender a un hombre que ha sido tan caritativo como para estar sentado junto a mi cama toda una hora, hablando de un tema bien distinto a píldoras y pócimas, ventosas y sanguijuelas. Ha sido un intervalo muy agradable. Estoy demasiado débil para leer, sin embargo, me siento en condiciones de disfrutar de algo interesante ¿Por qué no hacer que suba la señora Dean a terminar su historia? Puedo recordar los incidentes principales hasta donde llegó. Sí, recuerdo que el héroe había huido y no se supo nada de él durante tres años, y que la heroína se casó. La llamaré. Estará encantada de verme capaz de conversar alegremente. La señora Dean vino.
—Faltan veinte minutos, señor, para tomar la medicina —comenzó.