Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¡Al diablo con ella! —respond×. Lo que quiero…
—El doctor dice que debe usted dejar de tomar los polvos.
—¡Me alegro de todo corazón! No me interrumpa. Venga a sentarse aquÃ. Mantenga sus dedos alejados de ese amargo ejército de frascos. Saque su calceta de la bolsa… asà está bien… ahora continúe la historia del señor Heathcliff, desde donde la dejó hasta el dÃa de hoy. ¿Terminó su educación en el Continente y volvió hecho un caballero, o consiguió un puesto de becario en la universidad, o escapó a América y ganó honores chupando la sangre de su patria adoptiva, o hizo fortuna más deprisa de salteador de caminos en Inglaterra?
—Quizá haya hecho algo en todas estas profesiones, señor Lockwood, pero no puedo asegurarle nada. Ya le dije antes que no sabÃa cómo habÃa ganado su dinero, ni tampoco sé de qué medios se valió para sacar a su inteligencia de la absoluta ignorancia en la que estaba hundida. Pero, con su permiso, continuará a mi manera, si le parece que le va a divertir y que no le cansará. ¿Se encuentra mejor esta mañana?
—Mucho mejor.