Cumbres Borrascosas

Cumbres Borrascosas

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Se marchó convencida de esta autocomplacencia, y el éxito de su cumplida resolución se vio claro a la mañana siguiente. El señor Linton no sólo había depuesto su mal humor (aunque su ánimo parecía dominado por la exuberante vivacidad de Catherine), sino que no puso inconveniente en que llevara a Isabella con ella a Cumbres Borrascosas por la tarde, y ella le premió con tal cantidad de mimos y cariño que hicieron de la casa un paraíso durante varios días y tanto el amo como los criados se aprovecharon de aquel sol perpetuo.

Heathcliff —el señor Heathcliff tendré que decir en adelante— hacía uso de su libertad de visitar la Granja, con cautela al principio. Parecía calcular hasta qué punto soportaría el amo su intrusión. Catherine también consideró prudente moderar sus expresiones de alegría al recibirle, y él gradualmente estableció su derecho a que se le esperara en la casa. Conservaba gran parte de la reserva que había distinguido su infancia y eso le valió para reprimir toda demostración exagerada de afecto. La inquietud de mi amo experimentó una calma, y posteriores circunstancias la desviaron por otro cauce durante un tiempo.




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