Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Como el visitante no contestaba, sino que se sentó, y parecÃa del todo indiferente a los sentimientos que ella acariciara respecto a él, se volvió y susurró un serio ruego a su atormentadora para que la liberara.
—¡De ninguna manera! —exclamó la señora Linton en respuesta—. No quiero que nadie me vuelva a llamar perro del hortelano. ¡Te quedarás, faltaba más! Heathcliff, ¿cómo es que no muestras satisfacción por mis gratas noticias? Isabella jura que el amor que me tiene Edgar no es nada comparado con el que ella te tiene a ti. Estoy segura de que dijo algo parecido. ¿No es verdad, Ellen? Y no ha comido nada desde el paseo de anteayer, de dolor y de ira, porque la aparté de tu compañÃa, con la idea de que no se la aceptaba.
—Creo que te desmiente —dijo Heathcliff, dando la vuelta a su silla para quedarse de cara a ellas—. Ahora quiere estar lejos de mi compañÃa, de todas formas.