Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas La señora Linton vio a su cuñada soltarse y correr hacia el jardÃn. Un minuto después Heathcliff abrÃa la puerta. Yo no pude contener mi indignación, pero Catherine insistió airadamente en que me callara, y me amenazó con echarme de la cocina si me atrevÃa a ser tan presuntuosa como para dar rienda suelta a mi insolente lengua.
—¡Cualquiera que te oyera pensarÃa que eres el ama! —exclamó—. ¡Has de saber estar en tu sitio! Heathcliff, ¿qué pretendes levantando este alboroto? ¡Te dije que tenÃas que dejar a Isabella en paz…! ¡Te ruego que lo hagas, a no ser que estés cansado de que se te reciba aquà y quieras que Linton te cierre las puertas!
—¡No permita Dios que lo intente! —respondió el muy villano. En ese momento le aborrec×. ¡Que Dios le conserve manso y paciente! ¡Cada dÃa tengo más ganas de mandarle al cielo!
—¡Calla! —dijo Catherine cerrando la puerta interior—. No me irrites. ¿Por qué no has hecho caso de lo que te ped� ¿Salió a tu encuentro a propósito?
—Y a ti qué te importa —gruñó él—. Tengo derecho a besarla, si ella quiere, y tú no tienes derecho a oponerte. ¡No soy tu marido, no tienes por qué estar celosa de mÃ!