Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Una vez pasé por la antigua verja, desviándome de mi camino, cuando iba a Gimmerton. Era más o menos la época a la que he llegado en mi narración. Una tarde clara y helada, la tierra estaba desnuda y el camino seco y duro. Llegué a una piedra donde el camino se bifurca internándose en el páramo a la izquierda. Un tosco pilar de piedra arenisca con las letras C. B. grabadas en el lado norte, G. en el este, y G.T. en el suroeste, sirve de indicador para la Granja, las Cumbres y el pueblo. El sol brillaba amarillento sobre el remate gris del pilar, recordándome el verano, y no puedo decir por qué, pero, de pronto, un torrente de recuerdos infantiles brotó en mi corazón. Hindley y yo lo tenÃamos por nuestro lugar favorito veinte años atrás. Miré largo rato al bloque desgastado por el tiempo y, agachándome, vi, cerca de la base, un agujero todavÃa lleno de cáscaras de caracol y de guijarros que nos gustaba almacenar allà con cosas más perecederas. Me pareció ver, tan vivo como si fuera real, a mi primer compañero de juegos, sentado sobre la hierba marchita, su cabeza morena y cuadrada inclinada hacia adelante, y su manita escarbando la tierra con un trozo de pizarra.
—¡Pobre Hindley! —exclamé involuntariamente.