Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¿Media hora? —dijo, sacudiendo de su ropa los blancos copos—. Me sorprende que tuviera que escoger lo más fuerte de una nevada para andar por ahÃ. ¿No sabe que corre el peligro de perderse en los pantanos? Gentes familiarizadas con estos paramos pierden a menudo el camino en noches como ésta, y le puedo asegurar que, de momento, no hay posibilidad alguna de cambio.
—Quizá pudiera conseguir un guÃa entre sus mozos, y se quedarÃa en la Granja hasta mañana… ¿podrÃa proporcionarme uno?
—No, no puedo.
—¡Oh, por supuesto! Bueno, entonces tendré que confiar en mi propia sagacidad.
—¡Hum!
—¿Vas a hacer el té? —preguntó el de la chaqueta raÃda, pasando su feroz mirada de mà a la joven.
—¿Lo va a tomar él? —preguntó ella dirigiéndose a Heathcliff.
—Prepáralo, ¿quieres? —fue la respuesta, pronunciada de forma tan bárbara que me sobresaltó. El tono en que profirió esas palabras revelaba una naturaleza genuinamente malvada. Ya no me sentà inclinado a llamar a Heathcliff un tipo extraordinario. Una vez terminados los preparativos, me invitó diciendo:
—Ya, señor, acerque su silla.